EL HOMBRE QUE CONFUNDIÓ UN DINOSAURIO CON EL ESCROTO DE UN GIGANTE. (comentado)

Dibujo de Richard (1763) del que probablemente fue el primer hueso conocido de dinosaurio, bautizado como ‘Scrotum humanum’

Antes de que Richard Owen pronunciara por primera vez la palabra ‘dinosaurio’en 1841, muchos naturalistas ya habían comenzado a extraer del suelo grandes restos fósiles sin saber exactamente a qué pertenecían. Incluso llegaron a ver los testículos de un superhombre en el fémur del primer terópodo descubierto. Lo llamaron ‘Scrotum humanum’.

En 1677, el reverendo inglés Robert Plot describió en su libro ‘Historia Natural de Oxfordshire’ el hallazgo de un enorme trozo de hueso fosilizado. Según el inglés, se trataba de “un hueso auténtico, ahora petrificado” que recordaba “exactamente la figura de la parte de debajo del fémur de un hombre, o al menos de algún otro animal”. Este fósil correspondía en realidad a un dinosaurio, aunque este crucial dato no se conocería hasta un siglo más tarde.

Una de las explicaciones de los fósiles en el siglo XVII era la ‘virtus formativa’, una capacidad de la Tierra para generar formas caprichosas

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Fallidas interpretaciones

Plot, un naturalista inquieto y con las mejores intenciones de hacer avanzar la ciencia de la época, no tuvo demasiado acierto. Basándose en los datos disponibles en aquella época y en partes de la Biblia, el reverendo creyó que el hueso pertenecía a un gigante. Y en una desafortunada serie de hipótesis posteriores, este mismo fósil fue tomado por los testículos petrificados de un coloso. Así, durante años, el primer dinosaurio identificado recibió el nombre de Scrotum humanum.

A simple vista, Jose Luis Sanz, Catedrático de Paleontología de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), identifica el fósil de Plot como “el fragmento distal del fémur de un gran dinosaurio terópodo, probablemente Megalosaurus”.

Sanz formó parte del equipo que halló en Cuenca el esqueleto del dinosaurio más completo hallado en España hasta la fecha, correspondiente a un nuevo dinosaurio carnívoro, el Concavenator concorvatus. El descubrimiento de Pepito, como se le llamó coloquialmente, fue publicado en la revista Nature en septiembre de 2010.

“La formación de los fósiles ha sido explicada en términos muy diferentes a lo largo de la historia”, cuenta este paleontólogo. “Una de las hipótesis más en boga en el siglo XVII era la virtus formativa, una capacidad de la Tierra para generar formas caprichosas, que no eran tanto anomalías sino dones que Dios había puesto, igual que había puesto las flores en los campos para alegrar la vista de los seres humanos. Esta aproximación es la que Plot había utilizado para explicar muchos de los fósiles que encontró”.

En este caso particular, la primera hipótesis de Plot fue que se trataba de restos óseos de elefante, probablemente traídos por los romanos en su invasión de las islas británicas. Sin embargo, cuando el reverendo tuvo acceso a los restos de un elefante se dio cuenta de que la forma y el tamaño de su fósil, de unos 60 centímetros de diámetro,no encajaban con la conjetura inicial.

Entonces, inmediatamente, optó por la hipótesis gigantológica. Creyó ver en ese hueso los restos de uno de los patriarcas de los que hablaba la Biblia, personajes como Matusalén, Abraham o Noé a los que se suponía un tamaño y longevidad sobrenaturales.

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Los testículos de un gigante

Este argumento no sólo se mantuvo durante décadas, sino que tomó un giro sorprendente a mediados del siglo XVIII. En 1763, el naturalista Richard Brookes reinterpretó el fósil de Plot no como la base del fémur de un gigante, sino como sus testículos petrificados. Brookes aplicó además a este razonamiento el célebre binomio latino que el taxónomo sueco Carlos Linneo había popularizado como sistema de nomenclatura de especies.

En opinión de Sanz, Brookes no denominó ‘Scrotum humanum’ a este fósil “porque pensase que aquello podía interpretarse como los testículos de un gigante, sino porque de alguna manera le recordaba a un escroto humano”, aunque otros naturalistas de la época, como el francés Jean-Baptiste Robinet, sí que se inclinaron por esta aproximación. “Desde el punto de vista linneano, para denominar una especie estás obligado a crear un binomio, y ese ‘Scrotum humanum’, en mi opinión, era una cualidad descriptiva del fósil, nada más”.

En cualquier caso, y merced a las leyes de prioridad del Código Internacional de Nomenclatura Zoológica, pasarían años hasta que este binomio fuera reescrito.

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El concepto de ‘dinosaurio’

En 1841, durante una conferencia impartida en Plymouth (Reino Unido), el paleontólogo inglés Richard Owen pronunció por primera vez la palabra ‘dinosaurio’, aunque otros ya se habían aproximado años antes al concepto. Principalmente fueron dos personas: William Buckland, de profesión clérigo, y Gideon Mantell, que era médico rural. Como naturalistas, ambos interiorizaban el sistema de Linneo, por eso Mantell llamó a su especie descubierta Iguanodon –aunque olvidó poner el segundo término del binomio– y Megalosaurus bucklandii al espécimen hallado por Buckland.

Cuenta José Luis Sanz que, pese a todo, Buckland “no estaba muy seguro de lo que estaba publicando. Este Megalosaurus tenía caracteres mixtos, por un lado caracteres que se podían encontrar en cocodrilos o incluso en mamíferos, y por otro caracteres típicos de algunos tipos de lagartos, como los varanos. Entonces, su decisión final fue que se trataba de un lagarto gigante, hipótesis que fue refutada más tarde por Owen” con un paradigma nuevo e integrador.

Desde nuestra butaca en el siglo XXI, las interpretaciones dadas entonces a los fósiles pueden parecer exóticas, aunque como bien apunta Sanz, los hombres de aquella época “podían ser ignorantes en algunos aspectos, pero no eran tontos”. La edad de la Tierra, por ejemplo, no fue un conflicto para Buckland, que “representa al paradigma de la teología natural, y dentro de esta, no tenía problema en admitir que el planeta tenía varios cientos de miles de años. Buckland estaba equivocado en tres o cuatro órdenes de magnitud, lo cual hoy nos parece mucho, pero para la época era algo aceptable”.

En el fondo, así es como avanza la historia de la ciencia. La hipótesis errónea de Plot se transformó en la hipótesis, más sofisticada pero igualmente errónea, de Brookes y luego en la de Buckland y luego en la de Owen. Y así hasta nuestros días, donde aún son muchas las piezas que faltan en el puzle de los dinosaurios.

Cuando José Luis Sanz, hoy autor o coautor de ocho géneros de estos animales, comenzó a excavar por primera vez, hace más de veinte años, “no teníamos ni idea de que existiera todo un linaje de dinosaurios, que son básicamente los ancestros directos de las aves, completamente cubiertos de plumas. Hoy en día tenemos una evidencia abrumadora y datos que demuestran el parentesco de estos terópodos, del tipo de los velocirraptores, con las aves”.

La ciencia no puede aún explicar, por ejemplo, para qué servía la ‘joroba’ que Sanz y su equipo encontraron en mitad del lomo del dinosaurio de Cuenca. La paleontología es una ciencia histórica que, en los últimos tiempos “ha hecho esfuerzos titánicos para generar herramientas de refutación cada vez más fiables y sólidas. Obviamente no pueden ser tan sólidas como en la física o la química”, dice el catedrático de la UAM.

En las últimas décadas, el trabajo de historiadores de la paleontología como Stephen Jay Gould ha contribuido a modernizar los métodos y las pruebas necesarias para validar este conocimiento. Pero en definitiva, como reconoce Sanz, “nuestro conocimiento epistemológico de la paleontología sigue siendo el mismo desde los comienzos del siglo XIX, aunque los paleontólogos de entonces no lo supieran. Todas nuestras hipótesis se contrastan en el registro fósil. Tienes una hipótesis de cómo era el esqueleto, el cerebro o dónde vivía el dinosaurio y la vas desarrollando hasta que nuevos descubrimientos fósiles y herramientas de análisis te permitan refutar todas las incorrecciones que has dicho hasta ese momento”.

Fonte: El Mundo

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Resenha do autor

Muitos achados paleontológicos como este do reverendo Plot tentaram validar as ideias criacionistas.

A história é cheia dessas relíquias pseudo-bíblicas, por definição, todas realmente falsas. Durante a idade média se vendia lascas de madeira que supostamente teriam sido da cruz de Cristo.

O reverendo Plot tentou justificar parte da história bíblica do suposto gigantismo de Golias de Gate e dos Nefilins.

Chega a cair no senso do ridículo acreditar que Nefilins eram filhos de anjos com humanos e que eles realmente tinham grandes estaturas.

Em 2007 um grupo de cristãos forjou fotos de pessoas fazendo escavações em um sitio arqueológico que supostamente teria achado um fóssil gigante de humano.

A National Geographic descobriu a farsa e postou em seu site (veja aqui) o que aconteceu. A montagem usou fotos de um concurso de fotografia e design fotográfico que foram copiadas por fundamentalistas e lançadas na internet em forma de reportagem na tentativa de validar a ideia de que seres humanos gigantescos haviam vivido no planeta terra.

O fato da Bíblia menciona-los como povos grandes não prova que eram de grandes estaturas, mas talvez sua grandeza fosse muito mais metafórica do que literal.

O fato dá bíblia mencionar a arca da aliança com os mandamentos não prova que eles realmente tenham sido inspirados divinamente, ou que simplesmente existiram da forma mágica como conhecemos.

Não há evidência alguma de que a arca da aliança matasse as pessoas que tocassem nela, ou que ela ficou por algum tempo na babilônia. Não há evidencias arqueológicas que provem que ela ficou escondida na Etiópia sob a proteção da rainha de Sabá. De fato, não há evidências de que a rainha de Sabá tenha realmente existido. A única menção a respeito dessas passagens esta na bíblia.

Existem muitas tentativas de se provar cientificamente passagens bíblicas. Plot tentou justificar seu achado como uma referência material da existência dos gigantes Nefilins.

O estudioso da cosmogonia e teólogo Thomas Burnet no século XVII escreveu o livro The Sacred Theory of the Earth onde tentou cientificamente validar todos os eventos bíblicos do passado e do futuro. Ele tentou provar de onde teria vindo a água do dilúvio e para onde teria ido após a destruição do mundo.

Ele não acreditava que o dilúvio seria uma inundação puramente local mas também rejeitava que a água do dilúvio teria sido criada unicamente no episodio do dilúvio e depois milagrosamente teria sumido como apareceu.

De fato, usando conceitos de ecologia como a evaporação, precipitação e a rachaduras e fendas presentes na crosta do planeta ele justificou de onde a água teria vindo e para onde foi após o dilúvio. Ele também tentou justificar o dia do juízo final como um evento de conflagração universal, erupções vulcânicas em todo o mundo.

O padre Immanuel Velikovsky também tentou explica a mecânica dos corpos celestes usando lendas de religiões antigas. Ele discutia muito com os paleontólogos e era totalmente contra as ideias de Darwin e gradualismo evolucionista.

O criacionista Louis Agassiz justificava a existência de seres humanos brancos e negros utilizando o argumento do poligeismo. Os deterministas biológicos criacionistas monogeistas acreditavam que todas as raças eram fruto da linhagem de Adão e Eva. Agassiz, poligeista afirmava que os caucasianos eram a linhagem que derivava de Adão e Eva e que outros Adões e Evas haviam dado origem a raças inferiores e portanto não poderiam gozar da igualdade entre os homens.

Existem também o famoso caso das 33 mil estatuetas encontradas em Acambaro no México. Segundo os criacionistas esses achados arqueológicos de 6 mil anos mostram estatuetas de dinossauros feitas por homens. Supostamente essas estatuetas indicariam que o povo de Acambaro no México teria vivido com dinossauros nesta época. Ou que os dinossauros viviam até pouco tempo e teriam morrido no dilúvio como preconiza a ideia da Terra Jovem.

O fato é que essas estatuetas existem somente no México e não foram encontradas em qualquer outro lugar do mundo embora sabemos que os dinossauros tiveram uma distribuição geográfica ampla.

A escavação em si deixou certas dúvidas. Julsrud que foi o pesquisador responsável pelos achados parece ter pago a camponeses por cada figura criada apresentando-as como relíquias autênticas. De acordo com Charles C. DiPeso, arqueólogo especialista nas estatuetas a superfície de algumas figuras evidenciava que eram de faturas recentes e não evidenciavam características de elementos que teriam sido enterrados durante alguns milhares de anos. Se fossem relíquias realmente autênticas estariam  desgastadas como o apresentam outros artefatos encontrados nessa área do México. De fato, para criar tais estatuetas o tempo não foi um problema já que os achados ocorreram entre 1945 e 1952.

Grande parte das estatuetas foram criadas com base na cerâmica tarascana, um tipo de cerâmica indígena da região indicando ter tido contato com habitantes de outra região do planeta. Entretanto nenhuma estatueta foi encontrada em outro local do planeta, o que levanta varias suspeitas.

Recentemente um documentário criacionista usou o exemplo da língua pica pau verde da Europa que supostamente alcançava a cavidade da boca através do orifício nasal no bico. Uma pesquisa sobre esse animal demonstrou que não existe nenhum pica pau cuja língua faça tal percurso. De fato há um pica pau verde com um aparato anatômico ligado a língua extremamente avantajado, mas não fazia tal percurso. Uma característica anatômica inventada para suportar a hipótese de um aparato divinamente desenhado (veja em A EVOLUÇÃO BUSCA A COMPLEXIDADE? E O PILAR DA BIOLOGIA CORRE ALGUM RISCO?).

Se a bíblia está errada ao nos dizer de onde viemos, como podemos confiar nela ao dizer pra onde iremos?

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Scritto da Rossetti

Palavra chave: NetNature, Rossetti, Thomas Brunet, Velikovsky, Nepfilins, Estatuetas de Acambaro, Gigantismo, Criacionismo, Dilúvio.

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Referências

* Stephen Jay Gould. A falsa medida do homem. ED Martins Fontes 2003.
* Stephen Jay Gould. Darwin e os Grandes enigmas da Vida. ED Martins Fontes 1999.

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